Ayer conocí a Ramón, ya era hora.

El mismo Ramón al que entrevistó #JordiÉvole hace algunos años.

Ayer, mientras conocía a Ramón, olía a Petricor. Petricor es el “olor a tierra mojada” que se produce al caer la lluvia en suelo seco, y me encanta. Pero no quiero desviarme.

Después de varios meses, quizás un año intentando organizar una visita para conocer a Sancha Pérez, por fin nos pusimos de acuerdo. En mi grupo de amigos somos así, nos cuesta arrancar, pero cuando se alinean los astros, disfrutamos muchísimo.

Ayer fue ese día, y juntos conocimos a Ramón en Sancha Pérez.

Sancha se llamaba la madre de Ramón y tenía una granja en Conil, a la que mi amiga Bea iba de pequeña.  Vuelvo a desviarme.

A lo que iba, en el camino que recorremos hacia la Bodega de Ramón, lo primero que leemos es “Sancha Pérez, una experiencia para los sentidos”, y pienso, esto pinta bien. Ya sabéis, yo y las experiencias.

A pocos metros, atravesamos un par de muros blancos, y aparecemos en lo que nos recuerda, a Miguel y a mí, a la escena de la película Gladiator en la que él entra cabalgando a toda prisa. Es en ese momento cuando comenzamos a apreciar lo que tiene allí montado Ramón Iglesias.

Para los que hayáis visitado alguna vez una bodega, esto no tiene nada que ver, o así lo sentí yo. Sancha Pérez es más que una bodega y más que una almazara. Y os explicó el porqué.

4 niños y 6 adultos recibidos por un señor canoso, de la edad de nuestros padres, con un sombrero de rafia. Nos saluda y nos pide disculpas pues nuestra visita se retrasará unos minutos, está terminado con otra en la que, al verlos, pienso “se mueren de guiris”. No te preocupes Ramón, si nosotros hemos llegado, elegantemente tarde.

Mientras esperamos, unos escasos 5 minutos, nos damos cuenta de que lo que parece una reunión de Naciones Unidas en la bodega Sancha Pérez, es una visita de trabajadores de Amazon. Y pienso, que internacional es este Ramón.

Ya reunidos frente a él, se dirige a los niños y les pregunta sus nombres uno a uno. Bien Ramón, bien. Y capta la atención de éstos para el resto de la visita, comentándoles la necesidad que tuvo de llenar la finca de bichos, mientras les hace la primera pregunta, ¿sabéis como poblamos estos terrenos de bichitos? a lo que Fernando contesta, atrayéndolos. En ese momento Ramón de 72, y mi hijo Fer de 10 años, se hacen inseparables. Hablan de especies autóctonas, y de todos los beneficios que conlleva tenerlas allí, mientras nos dirigimos a la primera parada, el #Museodelolivo.

Diferentes variedades de olivos y de aceitunas que se las entrega, una a una, a los niños, a la vez que nos cuenta la funcionalidad de cada una. Fernando se las guarda en el bolsillo del pantalón, como un tesoro; lo que es, la semilla que produce el oro líquido. Seguimos paseando mientras observamos un olivo centenario, precioso. ¿Sabíais que cuantas más torsiones tiene en su tronco de olivo, más años tiene? Yo lo aprendí ayer.

Y llegamos al huerto, con sus árboles frutales, y vivimos la experiencia que tan de moda está, y casi nunca es verdad eso “del huerto a tu mesa”. Pues en la bodega Sancha Pérez se cumple “del huerto a tu paladar”, literalmente. Recolectamos y saboreamos el mejor y más sabroso caqui de mi historia. Ah y probamos el azofaifo, aspecto de aceituna, pero en boca es una mezcla entre manzana y dátil, ¡brutal!. ¿Veis porque os decía que no tiene nada que ver con una visita corriente a unas bodegas?

Mi pandilla está fascinada, no nos esperábamos esta visita tan original, tan dirigida a los #sentidos.

Llega el momento de entrar en las instalaciones de la bodega almazara #ecológica. Pequeña y acogedora, y los niños siguen atendiendo a pesar de haberlos sacado del huerto. Qué crack, Ramón.

Éste nos explica que han recuperado la tintilla de rota en la zona y, además, trabajan con la petit verdó, que el sabor y el aroma se consigue a través de la piel de la uva, el porqué de la necesidad de la barrica de roble y la procedencia del corcho portugués, aunque se produce en España. Preguntamos y preguntamos, nos ha #creadolanecesidad de saber más de su #marca, que tiene una producción de 15.000 botellas de vino anuales, y 12.000 litros de aceite. El 40% de la venta de la bodega va a Alemania, y muchas de las que se quedan en España se vende online, y otras las podemos encontrar en restaurantes de renombre como #ElCampero (Barbate). Y pienso, qué bueno tiene que estar el atún con tomate y yema de huevo de El Campero, con una botella de #SanchaPérez. Todavía no lo había probado, pero ya me gustaba. Es lo que me pasa cuando alguien me cuenta su proyecto con tanta #pasión. Yo soy así.

Al salir de las instalaciones, subimos a la azotea dónde una veleta gira acariciada por el viento, vuelve el Petricor, ese olor a hierba mojada. Desde allí observamos la posición de las vides y nos comenta por qué están plantadas en esa dirección, y no en la que estuvieron en un principio, ya sabes, el Levante es determinante en la zona. De los errores se aprende, otra lección.

Y cuando pensábamos que ya lo habíamos visto todo, bajamos y llegamos a una bonita sala, que hace las veces de tienda y de zona de maridaje, y nos recibe una preciosa mesa con chacina, mermelada de vino y 2 botellas de Sancha Pérez, una de blanco y otra de tinto. Nos miramos y aunque no lo decimos en alto, todos pensamos, si hubiéramos venido sin niños, nos las hubieran dado todas aquí, ya me entendéis. Buena conversación, bonitas vistas y buen vino, ¿qué más se puede pedir?

Y disfrutamos, más aún de lo que hubiéramos disfrutado antes del confinamiento. Siempre he tenido claro que la vida son momentos, y hay marcas que tienen la habilidad de generar momentazos como el vivido ayer en #SanchaPérez.

Ramón se sienta con nosotros a la mesa y me pregunta, ¿tú eres la de las experiencias?  y le digo que sí, sorprendida. ¿Este señor como sabe a lo que me dedico?, mi amiga Bea se ha ido de la lengua. Y Ramón, a sus 72 años, vuelve a preguntarme, ¿dime como puedo mejorar? dame ideas, ¿qué te ha parecido?, y me quedo sin saber que responder, porque la realidad es que me ha gustado todo y mucho. Y, afortunadamente, mi marido sale en mi ayuda, ¡déjala, Ramón! Conociendo a María, esta semana te escribirá para decirte como lo ve ella. Y aquí estoy, Ramón, contando mi #experienciacomocliente.

La visita ha sido de 10, sorprendente y divertida. Tú pasión engancha desde el principio hasta el final, y he de decirte que ya has entrado en mi lista de #marcasmuyrecomendables y #experienciasdeclientes que abanderaré. Mi amigo Javi, sabe de lo que hablo. Hoy me pongo la gorra de tu marca, bueno en vuestro caso, el sombrero de rafia #SanchaPérez.

Por darte una idea, que seguramente ya la tendrás en mente, yo me plantearía construir una sala polivalente acristalada para #eventos profesionales y personales. Una convención comercial o un retiro de directivos en Sancha Pérez, sería una gozada. Por no hablar de una cena maridaje, en la hacienda, al aire libre, una noche de verano.

Y nada más, solo decirte que amenazamos con volver y hacerlo con más amigos, para que disfruten tanto como lo hemos hecho nosotros. Porque la vida es eso, disfrutar con las personas a las que quieres y en Sancha Pérez, lo sabéis y lo potenciáis. ¡Enhorabuena!